El Nacimiento de Clío

La historiografía clásica grecorromana, considerada en conjunto, presenta unos contornos relativamente claros, unitarios y perfilados, en algunas dimensiones. En cuanto al contenido (lo que merece ser historiado): los orígenes y la evolución (sobre todo la reciente) de las comunidades políticas (en función de la propia), especialmente en momentos decisivos para su existencia (conflictos bélicos y/o expansión), y a través de los hechos más notables. También en cuanto a las finalidades: la indagación (de contenido político, en cierto modo), se entrevera con reflexiones y lecciones éticas en torno a la ambigua y escurridiza naturaleza humana, para inculcar moderación, patriotismo, amor a la paz y entereza ante los cambios de la fortuna personal y colectiva, ya que el bienestar humano no es permanente.

Todo ello a través de un relato unitario (en torno a una cuestión nuclear), bien estructurado, fidedigno (por la verificación y contraste de los testimonios, orales en buena parte), cautivador (sobre todo en Heródoto y Livio) y convincente (especialmente en Tucídides y Polibio). La experiencia de la mutación en el tiempo y el análisis comparativo entre pueblos u hombres parcialmente diferentes (los griegos y persas, Alejandro y César) enriquece la investigación histórica clásica. La curiosidad natural lleva a centrar la atención con frecuencia en lo extraordinario (las hazañas de la propia comunidad o las costumbres de otros pueblos que resultan desconcertantes, como los funerales de los reyes escitas).

En todo caso, la historiografía clásica tiene muy limitada su profundidad de campo geográfica, cronológica y teleológica. Es la historia del viejo mundo grecorromano y sus vecinos inmediatos, de unos pocos siglos (por lo general), una historia cuya culminación u horizonte final es ajeno a las preocupaciones, al menos explícitas y ampliamente operativas, de los historiadores. Lo noción de libertad y perfectibilidad humana, entrevista de algún modo en Tucídides, se equilibra con la acción de unas leyes de la naturaleza prácticamente inmutables y un destino o fortuna inexorable y bastante imprevisible. Para la gran pregunta de si la historia tiene algún sentido unitario, la historiografía clásica tiene sólo respuestas vagas e indirectas. Concentra su atención, casi exclusivamente, en las cualidades y problemas de medio alcance (el hegemonismo expansionista de los atenienses para explicar la guerra del Peloponeso, por ejemplo).

La historiografía grecorromana, historia de las comunidades políticas en sus coyunturas decisivas, historia de tiempo corto e historia que forma ciudadanos y gobernantes, la hacen hombres cercanos al poder, generales, gobernantes u hombres de letras próximos a éstos que escriben, sin una preparación profesional específica, basándose en experiencias propias (memorias) o cercanas a ellos. La historia es para los autores grecorromanos una actividad más bien derivada o secundaria y tardía en su vida.

F. Sánchez Marcos